sábado, 2 de marzo de 2013

Batalle de sueños y delirios!!!


Bajo a la llanura de mi nostalgia y rebusco entre los recuerdos tu mirada,
rebrotan las semblanzas del pasado,
que en su intento de perderse en el tiempo,
aletean por seguir vibrando ante tu ausencia.

Insignia brillante de un galón glorioso,
que se hace eterno al formar parte de tu perfecto cuerpo;
Convertiré inveterada mis muestras de cariño y afecto, 
para dar paso a mi modesta entrega de amor y respeto.

Consigo atinar vagamente sobre tu belleza,
y repruebo toda consecución de complejidad ante tu concepto real bella dama,
habito constante en lejanas tierras,
que por más despierto que te sueñe,
no pueden ni asomarse al paraíso que sencillamente conseguiría
al conjugar tu vida con la mía,

Dicta mi corazón tareas de firmeza y coraje,
que no tendrán constitución si no te pensara.

Soñarte y pensarte, 
quererte o amarte,
que más da, si todo queda en mí.

Al atardecer cercano de una época de mi vida,
enfrentamiento de quereres y rencores,
batalla de sueños y delirios,
combates de llantos de risa y de pena,
duelos y festejos de decisiones tomadas,
sonrisas reales y fingidas,
todo confuso y vacilante,
todo o nada de esto, 
no lo sé, 
lo voy conociendo día a día.

Ayer soñé con el Paraíso, 
y convencido más firmemente que antes
puedo entonar sin vacilación,
que ya no le temo ni a la muerte,
bienvenida sea si sé que es mejor el mañana,
el mañana que día a día nos regala nuestro Dios,
regalo que no bastaría hipotecar mi vida por agradecerlo, 
ni dos si la tuviese,
Señor: haz de mí lo que sea útil para ti y a mis hermanos.

Añoro las voces alentadoras,
Alentadoras, 
no fingidas, 
no convenidas,
ajenas al hacerlo por mis galones,
todo ello que me abordó y confundió en el pasado,
ello que encendió mi ego y vanidad,
todo ello que pregonaré como error
y de los que me desprenderé con un cántico de despedida y agradecimiento,
gracias por ser la piedra en mi camino,
y adiós porque entendí como utilizarlos.

No basta agotar esfuerzos para besar el sueño,
sabiendo que el descanso sopesa ello,
conviene darlo todo sin espacio a nada.